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martes, 17 de mayo de 2011

Género Parábolico

Genero Parabólico
Es sabido que el género parabólico es un recurso a las fábulas; es decir, historias más o menos creadas y que tienen un claro interés pedagógico. Jesús no inventó este modo de enseñar; era común entre los rabinos de la época. De todas formas, aún hoy Jesús es reconocido como quien llevó ese género a su máxima expresión, fue el que mejor hizo uso de ese estilo didáctico.

Ahora bien, si comparamos aquellas parábolas con nuestras fábulas actuales encontraremos algunas diferencias importantes.
Las parábolas del Señor no se corresponden con los cuentos infantiles de hoy. Por ejemplo, Jesús no utilizó nunca la animación antropomórfica de animales, ni mucho menos de plantas. No encontramos nunca que piensen y dialoguen una hormiga y una cigarra; mucho menos, un olivo y un lirio. En las parábolas, hombres, animales, plantas y cosas inanimadas hacen sólo aquello que son capaces de hacer.
Sucede además que los protagonistas de las parábolas no son valores o desvalores personalizados y simplificados; por ejemplo, el bueno, el malo, el simpático, la hacendosa, el astuto, el valiente, el sabio, etc. Encontramos fuertes contrastes entre los personajes de las parábolas �el rico y el pobre Lázaro, el fariseo y el publicano, etc.�; pero los oyentes de Jesús sabían que dichos personajes no eran una pura invención; es más, en realidad parecían fotografías del ambiente de la época.
Este realismo de las parábolas goza hoy de particular prestigio entre los historiadores de la vida cotidiana del siglo I. Los científicos señalan que, a partir de las parábolas, se puede reconstruir casi la entera vida diaria de la época: los juegos de los chicos en las plazas, las formas de contratación de obreros, el trabajo en la agricultura (trigales, viñedos, etc.); la seguridad de las casas, las formas de administración de bienes, las negociaciones, los casamientos y un largo etcétera.
Estos mismos estudiosos destacan también la aguda capacidad de observación que tenía el Señor. Sus descripciones son muy precisas, hasta el punto de satisfacer a los más rigurosos y detallistas. Por no hablar de las tonalidades de los diálogos, como son las distintas formas de hablar entre vecinos, entre jefes y subordinados, entre mujeres, entre hombres, etc. Realmente impresionan los retratos de estos diálogos que ofrece el Señor.

Por tanto, siempre habrá que recordar que no fueron personajes reales el hijo pródigo, el buen samaritano, el publicano y el fariseo...; como tampoco fueron parábolas la curación del siervo del centurión o las tentaciones en el desierto.

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